Tiempo de resumen
Ayer cumplí 30 días de haber asumido el reto de escribir quinientas palabras diarias, todos los días, uno tras otro, contra viento y marea durante ese periodo de tiempo. Me comprometí a ello en dos lugares públicos: mi página de Facebook y un blog que ya tenía y en el que nunca escribía. Frente a la computadora, con ese reto en mente no había posibilidad de hablar de inspiración, clima, tema, si seré o no el apropiado, si mi tutor se reirá o dirá que esto es una porquería, pero qué van a decir los que me lean, pensará que soy ridículo en mis palabras, entre otras quinientas frases que desgastan cualquier autoestima escritural.
Así que sólo y únicamente podía escribir. Sin salidas, sin correcciones, prácticamente sin revisar el texto antes de publicarlo. Cometo errores garrafales en los nombres, no tengo tiempo de buscar el nombre apropiado de tal o cual autor, todo es de memoria. Luego los leo y me avergüenzo de las repeticiones de palabras y de la falta de acentos que se me dan al por mayor. En fin, todo eso que me impide escribir pasó a segundo término. Lo único importante era mover los dedos sobre el teclado. El tema era lo de menos. Lo que saliera en esos momentos. A veces pensaba la noche anterior: “Escribiré sobre esto”. Y comenzaba a pensar acerca de ello. Me daba cierta tranquilidad comenzar mi día sabiendo de antemano cuál era el tema. Pero muchos otros días no tenía ni la menor idea, movía los dedos, y el tema se iba aclarando sobre la marcha.
Creo que la lección fue esa: mueve los dedos, mantén el ritmo, no te distraigas en miles de posibles críticas o comentarios. Exponte. Sal al mundo con lo que tengas por escritura. Así lo conseguí.
La otra lección es que uno avanza en la medida en que no se distrae. En los últimos años he adquirido conciencia de padezco dispersión mental, creo que si tuviera ocho años me podrían diagnosticar Trastorno de Deficiencia de Atención. Es eso o pretendo hacer demasiadas cosas a la vez. Fan de la multitarea. Leo, oigo música, escribo, atiendo a quienes me rodean,me acuerdo de los cubitos de tamarindo que comía de niño.... Cambio de libro a cada rato porque no puedo leer un libro únicamente. Una ansiedad por leer más allá de mis posibilidades de vida. Como remedio a estas situaciones, descubrí que escribir es también una forma de prestar atención. Concentrarme en un punto únicamente. Seguir una línea. Y que la multitarea es la mejor manera de que el final de cada día esté acompañado de la sensación de no haber hecho nada realmente o dejar lo trascendente para otro día.
Lo que he escrito en estos treinta días me ha ayudado a tomar conciencia de muchos de estos elementos. Estrategias tan sencillas y monótonas como no tener nada que no vaya a utilizar en el escritorio me han ayudado. Espero seguir adelante. Mi proyecto también ha avanzado. Y más vale porque debe estar a más tardar este mes de mayo.
Y claro, en estos treinta días ha sido fundamental que me acompañes. Agradezco tu lectura, tus ojos que pasan por aquí, aprecio en lo que vale tu mirada. Créeme que te la devuelvo día con día. Nos seguimos leyendo.
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