miércoles, 4 de mayo de 2016

Hagan fila

La fila más larga en que he estado fue cuando me formé para comprar mis boletos para ver a U2. La primera vez que vino ese grupo a México. En ese momento me fascinaba el mundo que presentaban en sus discos. 1991 o 1992, en este momento no me acuerdo. Vendían los boletos en el Ticket Master dentro del Mix Up de la calle de Genova en la Zona Rosa. Llegué a las 11 de la mañana y salí con mis boletos en la mano a las siete de la noche. No comí, no bebí, me dio el sol, llovió, me sequé y seguí formado.

Una de las razones para la tardanza es que había largos periodos en que los boletos ya se habían agotado, pero seguíamos formados porque se comentaba que abrirían nuevas fechas. Otra estrategia de dilación fue que la empresa pretendía vender los boletos atrás de las pantallas que usaría el grupo. No verías nada, sólo escucharías. ¿Quién querría comprar boletos para algo así? No sé si se vendieron. Al fin, después de ocho horas salí con mis boletos comprados en un precio que ahora sería risible.

Los boletos eran para el show de Zoo Tv y valió mucho la pena, a pesar de que ya adentro quedó claro que Ocesa, la empresa más lenona y corrupta de espectáculos que existe (Ah, creo que también es la única), había vendido boletos de más. Quedamos muchas personas de pie, luego de pelearnos brevemente con otras personas y con el pobre cuate que vendía cervezas.

Todavía no sé por qué aguanté tanto en esa cola. No me gusta hacer fila durante tanto tiempo. No he visto exposiciones memorables por negarme a hacer filas de tres o cuatro horas. Por ejemplo, no me formé afuera de Bellas Artes para ver la exposición de Su Frida Kahlo. La simple idea me desagradaba. Me decía a mí mismo que no era tan importante y lo más trascendente de la exposición ya lo había visto en otros museos. Pero lo más terrible es que nunca me decidí a hacer fila para la exposición de El Greco. Eso sí que fue casi un crimen, porque es uno de los pintores que más me atrae. Era una muestra de obras fundamentales. Me gusta tanto que una vez había un cuadro en el Museo de San Carlos y estuve como quince minutos observándolo. Claro, este cuadro lo tuve casi que para mí solo y en la muestra de Bellas Artes hubiera estado en medio de una masa que te empuja de un lado a otro.

Me niego a esas enormes filas. No soporto estar de pie tanto tiempo. Además, por lo regular o casi siempre me formo solo. Si te formas con otras personas puedes platicar y contar chistes acerca de las eternas filas, olvidando tus dolores de pies y de piernas.

Hacemos fila para todo en esta ciudad. Si es muy larga, yo prefiero no hacerlo. Más que arrepentirme, un sentimiento de libertad me invade en esos momentos. Y sí, el sentirse un poco libre tiene el costo de perder algo en el camino. 

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