Hagan fila
La fila más
larga en que he estado fue cuando me formé para comprar mis boletos para ver a
U2. La primera vez que vino ese grupo a México. En ese momento me fascinaba el
mundo que presentaban en sus discos. 1991 o 1992, en este momento no me
acuerdo. Vendían los boletos en el Ticket Master dentro del Mix Up de la calle
de Genova en la Zona Rosa. Llegué a las 11 de la mañana y salí con mis boletos
en la mano a las siete de la noche. No comí, no bebí, me dio el sol, llovió, me
sequé y seguí formado.
Una de las
razones para la tardanza es que había largos periodos en que los boletos ya se
habían agotado, pero seguíamos formados porque se comentaba que abrirían nuevas
fechas. Otra estrategia de dilación fue que la empresa pretendía vender los
boletos atrás de las pantallas que usaría el grupo. No verías nada, sólo
escucharías. ¿Quién querría comprar boletos para algo así? No sé si se
vendieron. Al fin, después de ocho horas salí con mis boletos comprados en un
precio que ahora sería risible.
Los boletos
eran para el show de Zoo Tv y valió mucho la pena, a pesar de que ya adentro
quedó claro que Ocesa, la empresa más lenona y corrupta de espectáculos que
existe (Ah, creo que también es la única), había vendido boletos de más.
Quedamos muchas personas de pie, luego de pelearnos brevemente con otras
personas y con el pobre cuate que vendía cervezas.
Todavía no
sé por qué aguanté tanto en esa cola. No me gusta hacer fila durante tanto
tiempo. No he visto exposiciones memorables por negarme a hacer filas de tres o
cuatro horas. Por ejemplo, no me formé afuera de Bellas Artes para ver la
exposición de Su Frida Kahlo. La simple idea me desagradaba. Me decía a mí
mismo que no era tan importante y lo más trascendente de la exposición ya lo
había visto en otros museos. Pero lo más terrible es que nunca me decidí a hacer
fila para la exposición de El Greco. Eso sí que fue casi un crimen, porque es
uno de los pintores que más me atrae. Era una muestra de obras fundamentales. Me
gusta tanto que una vez había un cuadro en el Museo de San Carlos y estuve como
quince minutos observándolo. Claro, este cuadro lo tuve casi que para mí solo y
en la muestra de Bellas Artes hubiera estado en medio de una masa que te empuja
de un lado a otro.
Me niego a
esas enormes filas. No soporto estar de pie tanto tiempo. Además, por lo
regular o casi siempre me formo solo. Si te formas con otras personas puedes
platicar y contar chistes acerca de las eternas filas, olvidando tus dolores de
pies y de piernas.
Hacemos fila para todo en esta ciudad. Si es muy larga, yo prefiero no hacerlo. Más que arrepentirme, un sentimiento de libertad me invade en esos momentos. Y sí, el sentirse un poco libre tiene el costo de perder algo en el camino.
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