lunes, 15 de agosto de 2016

El extraño mundo de Roal Dahl


Esta semana miré algunas escenas de Matilda, dirigida por Dany De Vito. Siempre me ha parecido una pésima adaptación de la novela de Dahl del mismo nombre, pero me proyectó a darme cuenta de que en ésta y otras obras los adultos cercanos aparecen como seres monstruosos moralmente. Un ejemplo es la familia de Matilda, seres ignorantes y carentes de escrúpulos; o la famosa Tronchatoro, creyente de que torturar a los niños con método fascistas es la mejor pedagogía. Los adultos como sádicos, recuerdo de los ogros que se alimentan de niños, o, en el mejor de los casos, como incapaces de comunicarse con una niña sensible e inteligente. En esta lógica también se encuentra La maravillosa medicina de Jorge, en la cual la abuela materna aparece como una bruja que se dedica a perseguir y molestar al niño con sus demandas neuróticas de atención y cuidados. A los niños no se les permite ser niños, desarrollarse como tales, para evitarlo se coloca a estos adultos. El trato que dan a los niños protagonistas de las dos novelas resulta violento. Aunque nada se compara a los abusos físicos de la maestra Tronchatoro, los demás también utilizan el grito, la amenaza, la ley del hielo, la indiferencia, todo ello utilizado para adocenar y convertir a los niños en un remedo de lo que ellos son.
Otro punto que me llama la atención en estas dos novelas es que la solución que adoptan los niños para escapar de sus torturadores les viene de la magia: los poderes de Matilda y la poción mágica de Jorge que transforma el tamaño de quienes la beben. Tal vez aquí se intuye que esa salida resulta utópica. Todavía más: en las dos novelas la solución es la desaparición de los adultos. La armonía sólo se puede dar con la desaparición de los adultos insensibles. En Matilda la profesora Tronchatoro debe huir perseguida por los niños que se han rebelado encabezados por una Matilda convertida casi en una Carrie telekinética. Los papás también se esfuman con celeridad al descubrirse las tranzas del padre. En la maravillosa medicina de Jorge la extinción de la abuela resulta más cruel, ya que efectivamente desaparece al transformarse en un ser cada vez más pequeño, hasta que queda fuera de la vista de Jorge y sus padres. El que los adultos crueles se desvanezcan del mundo de los niños parece el único elemento que les puede dar a éstos orden y alegría.

Sin lugar a dudas, la obra de Dahl no es tan amable como por lo regular se espera de los libros creados para los niños, lo cual no me parece negativo, al contrario, se trata de un pequeño atisbo del mundo real que han de soportar los niños y también los padres. Aquí la magia sirve para agredir, para desquitarse de algo (por eso Matilda me recuerda a Carrie, aunque no llega a los extremos de ésta y responde a ataques contra la colectividad de niños, y no a violencia ejercida en su contra por sus iguales). Se trata de vencer a quienes han podrido el mundo de los niños y deben retirarse de la escena con su amargura. Esa violencia y crueldad fascina a los niños que lo leen (por supuesto, también a los adultos). Les atraen la crueldad de Tronchatoro, las transformaciones múltiples de la abuela de Jorge, la violencia que se vuelve contra los adultos que la ejercieron primero. Si bien podemos decir que los finales de estas dos novelas son dulces y felices, la verdad es que detrás de esas escenas habitan las sombras de los poderes de los niños, listos para salir en su defensa cuando se necesite.