martes, 3 de mayo de 2016

Hoy son casi las seis dela mañana y ya estamos a quince grados. 
Ha sido una noche difícil. El calor hace que abras las ventanas y entonces entran los mosquitos, amos y señores de la sangre y las enfermedades. Te pasas unas horas de la madrugada en lucha contra esos vampirllos. No hay manera de clavarles una micro estaca en sus delgados pechos, así que hemos de recurrir a los insecticidas y esperar que los maten primero a ellos antes que a nosotros. Plaga ya desde que los judíos habitaron Egipto, luchamos contra ellos para evitar la muerte incomprensible de no poder dormir o la más terrible de la enfermedad hasta ahora desconocida. Me han dicho que vienen de los árboles cercanos. Mi ventana está en primer piso y da a frondosos árboles, así que se trata de una amenaza constante. 
Augusto Monterroso consideró que existían tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Las moscas como un emblema de la maldad, el mal, el deseo de autodestrucción y destrucción. Habría que agregar a los mosquitos que no te dejan ni un instante y traen consigo nuevos males corporales y a este calor que no te permite ni pensar. 
Beben sangre. Somos sus presas. Nos caza en medio de la noche. Si estamos profundamente dormidos, ni siquiera sentiremos el piquete. Si bien nuestra mano basta para aplastarlos, su forma de actuar me parece espantosa. Los apachurras de un golpe y tu mano queda cubierta de tu propia sangre.
En estos días todos nos la pasamos diciendo ¡Qué calor! Calor de Lorca. 
La ciudad no está construida para estas temperaturas. Los autos se arrastran dificultosamente, el polvo de las nuevas adecuaciones, el sol de las tres cae a plomo, temperatura de la hora de la comida28 o 29 grados. Cerca de los treinta grados ya lo vivimos como si fuera normal. Compadezco a quienes se la pasan trabajando en la calle, envidio a quienes lo hacen de noche. Yo por lo menos me la paso debajo de un techo la mayor parte del día. Ganas de ni siquiera salir a la hora de la comida, pues allí arrecia la alta temperatura. 
No existe manera de escapar. El pronóstico del tiempo prevé temperaturas entre los 25 y 29 grados a la hora en que más hemos de estar despiertos. Lo nublado del sábado30 de abril lo recibimos con alivio. Hace falta la lluvia, pero casi seguro que cuando ocurra se dará como ya pasa todo en esta ciudad, de manera extremosa, así que habrá que preparar impermeables, paraguas, botas de plástico, lanchas y trasatlánticos para cruzar con lentitud por estas calles que se calientan tanto con la misma facilidad con que se inundan. 
Encuentro una nota periodística de 2015 que preveía que 2016 sería el año más caluroso de la historia. Ni modo de decir que no nos habían dicho. Y todavía falta, porque la temperatura más alta registrada en esta ciudad fue de 33.8 grados en 1998 (yo ni me acuerdo). Pues el día que rebasemos esa temperatura yo no iré a trabajar y me meteré en el refrigerador a esperar que pasen estos días levemente apocalípticos.

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