Lo que no quiero que
sea mi proyecto final de maestría.
Un texto largo, farragoso, aburrido y lleno de citas, como
lo fue mi tesis de licenciatura. Citas de más de diez renglones. Contar la
historia mundial de los elementos centrales de mi proyecto. Hojas y hojas de
delimitación del tema. Una colección de ideas de otros en lugar de las aunque
sea pequeñas certezas que me guían. Ocultar detrás de un montón de palabras las
ideas que uno tiene. Debería preferir la argumentación antes que la cita. Que
los otros autores me sirvieran de impulso no de muleta o de silla de ruedas. Ortopedia
mental, ante la falta de ideas, cite a autores que posean muchas de ellas. No
se martirice con su pequeña idea, con su bonsái mental, mejor use las grandes
citas de los enormes autores. Obtén prestigio con las palabras de otros. No te
atrevas a decir las tuyas, porque es posible que no las tengas.
Una evasión del ensayo, de la argumentación y de las ideas,
para escaparse por la puerta fácil de la escritura de una serie de testimonios
enriquecidos con la ficción. O escribir ficción pura, una novela, cuentos, en
lugar del ensayo sin caer en cuenta que se pueden convertir en formas de no
enfrentar la necesidad de la argumentación. Las ideas como pretexto. Y que quede
poco de literatura y mucho menos de ideas novedosas o de algo que pueda
llamarse ensayo.
Escribir narrativa a partir de las ideas de un proyecto
final me parece un proceso de falseamiento, porque por lo regular no se
considera en la escritura de este tipo los riesgos de volver ficción lo que
otros vivieron, de banalizarlo aunque sea con un gran producto artístico.
Dentro de la propia ficción debería habitar la duda en torno a si estamos
contando una historia cercana a lo que ocurrió o tapamos los hechos con
palabras. Esa posible ambigüedad debería estar presente. Y no la encuentro, por
lo regular, en los proyectos finales que se decantan por un proceso narrativo.
No quiero un producto final engolado. Muchas veces escribo
ensayo con otra voz, con otras voces, que no me pertenecen. Y la falsedad huele
desde lejos. Quiero aparentar que he leído todo, que sé todo, que puedo
escribir con grandes ideas. Escribo ensayo y me pongo serio, me entieso,
formal, uso traje y corbata para decir “quiero agua”. Rígido. Con frases demasiado
pensadas, palabras para agradar al monstruo del asesor de tesis y su coro de
repugnantes sinodales. Y es inconsciente. No sé porque lo hago. He escrito para
revistas de manera deschongada, un poco cómo se me va ocurriendo, dejando que
mi instinto me lleve por donde quiera. Pero la tesis, el ámbito académico, los
espectadores que quieren escuchar a Foucault y a Barthes, no a ti, todo eso me
petrifica y me lleva a ofrecer más o menos lo que todos esperarían que fuera un
proyecto final de maestría.
Sé lo que no quiero. Es un avance.
No hay comentarios:
Publicar un comentario