sábado, 30 de abril de 2016

“Sabia virtud de perder el tiempo”.
En el video que pongo aquí Tim Urban narra historias trascendentes y divertidas acerca del hábito que derrota a todos los  hábitos: el de dejar todo para el último momento. Me recuerda noches en vela: el maquinazo, el desvelarte la noche anterior al examen, comenzar un artículo unas hora s antes de entregarlo, meterte a bañar quince minutos antes de que sea la hora de tu cita porque antes de eso estuviste mirando en la televisión intrascendentes y aburridos programas. Uf. ¿Quién no ha hecho algo así?
A la mejor es un hábito ingenuo, a la mejor simplemente se trata de señales de actividades que no queremos realizar, de situaciones en que nos sentimos obligados a decir que sí cuando queremos decir que no. Yo, por ejemplo, mi mundo ideal y mi actividad central es quedarme en mi casa, leyendo un poco de aquí y otro poco de allá, sin obligación de concentrarme en una lectura específica, sin trabajos concretos que realizar, sólo un poco lo que se me vaya ocurriendo. Pero en muy pocas ocasiones puedo vivir de esa manera. Siempre hay compromisos, lugares a dónde ir, escuela, trabajos, fechas de entrega, etcétera. Obligado, comprometido. No obstante, las personas que lo han estudiado lo consideran una forma destructiva de ser. Problemas en todos lados: con la familia, en el trabajo, en la escuela. Un estrés al mil por ciento. Porque mientras no enfrentamos lo que tenemos que hacer no estamos tranquilos, al contrario, pasamos los días plenos de inquietud, desasosegados. El estrés de mirar cómo avanzan los días y no tenemos nada escrito, el sentimiento de inutilidad o de no contar con ese indicador de que se es un hombre y no un títere: fuerza de voluntad.
Yo, por ejemplo, necesito hacer ejercicio para mis articulaciones. Si no lo hago, me debilito y me pongo rígido como el hombre de hojalata. Pues no trabajo en mi rutina de ejercicios hasta que no me duele de manera insoportable todo el cuerpo. Mejoro unos días y luego vuelvo a dejar de hacerlo. Claro, uno puede decir que no tiene tiempo, pero resulta indispensable darle unos minutos a este ejercicio.
En esa costumbre uno percibe que le faltan los valores morales que se vienen cultivando en el ser humano desde lejanas épocas: templanza, disciplina, voluntad, las grandes señales de lo que debería ser una persona productiva. Y se ve uno a sí mismo como ausente de todo ello.
La conclusión del video de Urban me parece genial. Dejamos para después no algo finalmente tan intrascendente como un artículo o incluso una tesis de maestría, sino lo trascendente de nuestra vida. Estamos dejando para después los cambios profundos que nos lleven a la vida que deseamos tener. Tal vez sea dejar ese trabajo, romper con alguien, decir una verdad escondida a duras penas, decir no quiero, cambiar de país, en fin, vivir de otra manera. Tal vez detrás de ese no hacer hoy lo que necesito urgentemente hacer, esté una negativa a vivir como quiero vivir.  

Alejandro Jodorowsky dice en algún lado que lo que debemos hacer es llegar a nuestras casas y pegar dos tipos de etiquetas a todo lo que hay allí: sí y no. Sí me sirve, no me sirve, si lo quiero, no lo quiero, sí lo necesito, no lo necesito, sí quiero vivir con ello, no quiero vivir con ello. Lo que nos funcione. Y tirar o aventar por la ventana o deshacernos de todo aquello a lo que le hemos pegado un “No”, aunque sea una pareja, un amigo, un hermano. Sólo así podríamos comenzar a vivir, pero la mayoría lo dejamos para un momento oportuno que nunca llegará. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario