lunes, 18 de abril de 2016

Contra el bloqueo. Reto. Día tres.

1)      ¿Qué vemos en una fotografía? Tal vez cambia nuestra manera de mirar a partir de la escasez o abundancia de este tipo de imágenes.

2)      Cuando era niño, las fotos eran sumamente escasas. La mayoría de las personas no tenía una cámara fotográfica, no la poseía. Quien dominaba la cámara y el revelado podía vivir de ello. Un conocimiento y un equipo que le redituaban ganancias. Un especialista a quien recurrían quienes no contaban con el saber ni con el equipo.

3)      Había un tipo de fotógrafo que ponía su cámara al servicio de la memoria familiar o de la pareja amorosa. Estaban en los parques con sus escenografías kitsch. O en los lugares donde concurría la gente. La imagen era un recuerdo. Así se le llamaba. Esos eran los letreros que se les colocaban. Recuerdos. Estaban en La Villa, en Chapultepec. En los lugares donde concurrían las masas de paseantes. Los paseos establecidos por la tradición y las costumbres o por el calendario cívico. 5 de mayo, 5 de febrero.

4)      También había fotógrafos, a veces, en las fiestas o en las ceremonias. Los llamabas para que fueran a los cumpleaños, bodas, bautizos. A la graduación o al fin del año escolar. Y tomaban muchas fotografías que luego buscaban afanosamente vender. Todos serios posando hacia el fotógrafo.

5)      Ese oficio del fotógrafo de la ocasión que habría que recordar todavía existe, pero ya no tienen la importancia que tenían en los años antiguos. Escasez. Podías tomarte una foto o una serie de fotografías en un año. Y de ese año no contar con ningún otro recuerdo.

6)      Un paso a la abundancia se dio con las cámaras portátiles. La fotografía se convirtió en un acto democrático. La memoria se auxilió con ese juego de rostros en la imagen. Porque ese era el asunto o tema, rostros, grupos, el baile. Pocas fotografías en que no hubiera un rostro humano.

7)      Al fin ya no eran tan caras ni para pocas personas. No era necesario tampoco el conocimiento, el saber revelar las imágenes en sus cartoncitos. Se llevaban a revelar. Un servicio que muchas veces se daba en las farmacias. Cámaras, rollos, revelado, todo al alcance. Aumenta el número de las imágenes, aunque no se toman fotografías a diestra y siniestra. Pocos gastarían un rollo en tomar fotografías y fotografías de sí mismo.

8)      Escasez. De mi infancia debe haber cuando mucho, y exagerando cien fotografías. De mi año en que fui al kínder existía solo la fotografía en que estaba con todo el grupo. (por cierto, la foto se perdió).

9)      Las fotografías eran únicas. Por lo regular sólo había una. Perderla era perder ese trozo de memoria, ese acto único en que posabas hacia la historia familiar. No podían recuperarse o era muy difícil.

10)   No podían cambiarse. Eran fijas y de una sola forma. Imposible el fotoshop. El retoque daba un aspecto un tanto falsificado, un tanto mortecino.


11)   Escasez. Fotos cuya pérdida lamentamos. Apropiación de las fotografías y de la memoria por unos cuantos. Quien tiene la foto tiene la memoria. Y, a la vez, la memoria resulta más amplia, menos estandarizada por una serie de imágenes. Más particular. 
Un mundo no cabe en ese cuadro, mi mundo.

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