Contra el bloqueo. Reto. Día tres.
1)
¿Qué vemos en una fotografía? Tal vez cambia
nuestra manera de mirar a partir de la escasez o abundancia de este tipo de
imágenes.
2)
Cuando era niño, las fotos eran sumamente
escasas. La mayoría de las personas no tenía una cámara fotográfica, no la
poseía. Quien dominaba la cámara y el revelado podía vivir de ello. Un
conocimiento y un equipo que le redituaban ganancias. Un especialista a quien recurrían
quienes no contaban con el saber ni con el equipo.
3)
Había un tipo de fotógrafo que ponía su cámara
al servicio de la memoria familiar o de la pareja amorosa. Estaban en los
parques con sus escenografías kitsch. O en los lugares donde concurría la
gente. La imagen era un recuerdo. Así se le llamaba. Esos eran los letreros que
se les colocaban. Recuerdos. Estaban en La Villa, en Chapultepec. En los
lugares donde concurrían las masas de paseantes. Los paseos establecidos por la
tradición y las costumbres o por el calendario cívico. 5 de mayo, 5 de febrero.
4)
También había fotógrafos, a veces, en las
fiestas o en las ceremonias. Los llamabas para que fueran a los cumpleaños,
bodas, bautizos. A la graduación o al fin del año escolar. Y tomaban muchas
fotografías que luego buscaban afanosamente vender. Todos serios posando hacia
el fotógrafo.
5)
Ese oficio del fotógrafo de la ocasión que
habría que recordar todavía existe, pero ya no tienen la importancia que tenían
en los años antiguos. Escasez. Podías tomarte una foto o una serie de
fotografías en un año. Y de ese año no contar con ningún otro recuerdo.
6)
Un paso a la abundancia se dio con las cámaras
portátiles. La fotografía se convirtió en un acto democrático. La memoria se
auxilió con ese juego de rostros en la imagen. Porque ese era el asunto o tema,
rostros, grupos, el baile. Pocas fotografías en que no hubiera un rostro
humano.
7)
Al fin ya no eran tan caras ni para pocas
personas. No era necesario tampoco el conocimiento, el saber revelar las imágenes
en sus cartoncitos. Se llevaban a revelar. Un servicio que muchas veces se daba
en las farmacias. Cámaras, rollos, revelado, todo al alcance. Aumenta el número
de las imágenes, aunque no se toman fotografías a diestra y siniestra. Pocos gastarían
un rollo en tomar fotografías y fotografías de sí mismo.
8)
Escasez. De mi infancia debe haber cuando mucho,
y exagerando cien fotografías. De mi año en que fui al kínder existía solo la
fotografía en que estaba con todo el grupo. (por cierto, la foto se perdió).
9)
Las fotografías eran únicas. Por lo regular sólo
había una. Perderla era perder ese trozo de memoria, ese acto único en que
posabas hacia la historia familiar. No podían recuperarse o era muy difícil.
10)
No podían cambiarse. Eran fijas y de una sola
forma. Imposible el fotoshop. El retoque daba un aspecto un tanto falsificado,
un tanto mortecino.
11)
Escasez. Fotos cuya pérdida lamentamos.
Apropiación de las fotografías y de la memoria por unos cuantos. Quien tiene la
foto tiene la memoria. Y, a la vez, la memoria resulta más amplia, menos
estandarizada por una serie de imágenes. Más particular.
Un mundo no cabe en
ese cuadro, mi mundo.
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