Reto contra el bloqueo. Día once.
Me gustan las cosas antiguas: las películas en blanco y
negro, las fotos pre digitales (las que necesitaban un proceso de revelado para
que pudieras verla), los edificios del siglo XIX, la Historia de otros tiempos.
Me fastidia mucho de lo nuevo, pero lo utilizo día con día.
Me gusta la historia del niño que coronaron rey. Odio las
historias de los niños torturados, abusados, perdidos. Creo que defender a esos niños, a los
nuestros, es una de las luchas sagradas que deberíamos de emprender todos.
Me gusta la historia del capitán Nemo y su submarino.
Me gusta cantar con mis hijos la canción del submarino amarillo de los Beatles. La versión de los
Muppets es súper disfrutable.
Me gusta que siempre escucho música en mi cabeza, mi mente
tararea una canción a cada momento. No me gusta cuando mi mente se atasca en alguna canción fea o pésima, no sé de Arjona ,
o algo peor. En momentos así, la repite una y otra vez y estoy a punto de
saltar al paso del Metro. Me gusta cuando se desliza de una música a otra, de
una nota a otra, como si las estuviera inventando en ese momento. Canto en voz
baja. También me gusta el silencio.
Me gusta ver la lluvia y que no me toque. Una gran lluvia
vista desde arriba, los árboles estremecidos por el viento, nos recuerda que la
naturaleza no puede ser dominada, por más que fatuamente lo creamos.
Me gusta estar solo, porque casi nunca estoy solo. Rodeado.
Como si trabajara en un escaparate en Presidente Mazaryk. Casi siempre alguien
quiere que lo atienda o necesito hablar con alguien o necesito exageradamente
la atención de una persona. La soledad cura de todo eso.
Me gusta mi proyecto final de maestría. Una idea que de
repente no me parece tan común. De pronto me parece absurda y al siguiente
genial. Me gusta darme cuenta de que no es ni una ni otra. Es algo que debo
explorar mediante la escritura. Eso es todo. Apasionarse por ella va más allá
de la idea.
Me gustan los sabores tropicales: maracuyá, guanábana. Pero
¿hay alguno que no sea tropical? El tamarindo, el plátano, el coco, la piña
también son tropicales, aunque los sienta más domésticos. Claro, la manzana es
más de granja. Sin duda, los sabores tropicales te hacen viajar a través de los
sentidos.
Me gusta caminar de noche por las calles de esta ciudad,
sobre todo el Centro Histórico. Descubrir edificios, monumentos, fachadas
perturbadoras, los sonidos de la gente en los cafés y restaurantes. Es el momento
en que la ciudad, para mí, se vuelve más habitable. Menos autos, más vida.
Menos correr hacia el trabajo, para correr hacia la diversión, el grupo, el
amor.
Me gusta que me guste el mundo. Me gusta que todavía me
indignen ciertas costumbres antihumanas. Sé que la indignación no es
suficiente.
Construyo mi mundo día con día, segundo por segundo, frágil
y en movimiento, cada instante podría ser el derrumbe o la nueva arquitectura.
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