lunes, 25 de abril de 2016






Contra el bloqueo. Día 10.

Como muchos otros pintores, Rufino Tamayo incurrió en el autorretrato. Varios de ellos muestran elementos dignos de mención y análisis. Los primeros resultan un tanto convencionales. Trazos fuertes, impacto en colores oscuros. Aproximados a lo que es la imagen “real”. En cambio,  existe otro autorretrato en que su cuerpo está trabajado con bloques geométricos. El rostro permanece, pero se ha disuelto un poco. Los colores oscuros del cuerpo quedan, aunque  ahora en contraste con el fondo, de tonos verdosos y azulados más brillantes. La figura ya no está sola, una mujer esquematizada se encuentra detrás de él, con una mano levantada hacia su cuerpo.

En el Museo que lleva su nombre vi un autorretrato en que el cuerpo se encuentra todavía más disuelto. Ha sido sustituido por una figura geometrizada, rasgos a punto de lo abstracto. Lo más visible del cuerpo es una mano del lado izquierdo del espectador. Por supuesto, este retrato es el que más me atrae porque el cuerpo está en proceso de desaparición, a medio camino. Se trata de un ejemplo claro de que el autor decide qué o de qué manera puede crear un autorretrato. A veces pareciera que basta con colocarle  el nombre para que se convierta en autorretrato.

La idea convencional que por lo regular tenemos del autorretrato es que se requiere un cuerpo definido, un rostro ligado a ese cuerpo, el del autor, el del creador de la obra. He detectado cientos de autorretratos en que eso no ocurre. Para mí fue un descubrimiento personal que me sorprendió, aunque para varios críticos constituye un tema de discusión desde hace muchos años. El autorretrato no tiene límites. Su frontera entre mostrar un rostro para convertirse en tal ya se ha disuelto. Y podría convertirse en la disolución total del cuerpo.

En las obras de Tamayo todavía es posible observar un cuerpo, una presencia humana, rasgos, como una mención en voz baja, una huella; pareciera que el pintor se embadurnó la mano con pintura y la puso en esa parte del cuadro. En cambio, existen obras en que no queda un solo rasgo del cuerpo. Pueden ser pintura de un solo color sobre el cuadro o apenas rasgos. .  

¿Qué sería un autorretrato? A veces es difícil cuando un género puede ser o significarse por medio de cualquier cosa, porque entonces quiere decir que no es nada. O por lo menos esa es la percepción que me da. Si bien no estamos en una época en que los límites de cada género o de cada obra artística no cuentan (por fortuna) con límites fuertes, a manera de armazón, de pronto confunde un poco el hecho de que cualquier cosa pueda representarte. De que escojas que cualquier cosa te represente

Lo que existe es siempre un trabajo creativo a partir del cual se toman las decisiones para que uno u otro sean los medios, la forma en que el autor se representara. No decisiones nacidas del capricho o de la ignorancia, sino de un trabajo fuerte en los conceptos de la representación, ahondando en sus límites. ¿Cuáles son los límites de la autorrepresentación? No tiene por qué haberlos y en este momento no se encuentran definidos. 

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