miércoles, 20 de abril de 2016

Reto contra el bloqueo. Día cinco.

Lo que sigue posee algo de esos blogs en forma de diario personal, un desahogo, una confesión. Contarme a mí mismo. Es un breve recuento.

En junio de 2012 abandoné de manera temporal mi ciclo escolarizado de maestría en 17 Instituto de Estudios Críticos. En ese momento debí renunciar a continuar por falta de dinero. Si bien no resulta demasiado caro el postgrado en esa escuela, tampoco es tan sencillo reunir los recursos para seguir adelante, a pesar de que desde el tercer semestre me concedieron becas del 50 por ciento de la colegiatura. Dejar la maestría fue un momento duro.

Retomé en julio de 2015, tres años después. Mi proyecto había ganado porque se había redondeado.

Deseé volver, me angustiaba no concluir la maestría. Como tantas cosas que deseamos intensamente y cuando las tenemos no sabemos qué hacer con ellas: todo el semestre fue improductivo para mí.

Nunca he contado con tiempo suficiente para estudiar. Tal vez sólo cuando era niño, en la primaria y secundaria dispuse de este recurso que compone nuestras vidas. Me las he arreglado para siempre estudiar y leer a pesar de las circunstancias. Así concluí la carrera de letras hispánicas, así trabajé los cuatro semestres de la maestría. En medio del vértigo de un trabajo que se encuentra a medio camino entre una hacienda porfirista, con tienda de raya incluida) y el ambiente de la película “El demonio se viste de Prada” siempre encontré el modo de leer y escribir, avanzar, estimulado por el conocimiento, los grupos, las personas con las que compartí foros, clases, maestros. Pero esta vez no. Claro, es posible que ahora sí me hallara realmente ocupado, con todos los compromisos y demandas del trabajo, las juntas de tres horas, las llamadas telefónicas necesarias de atender.

Para mí era una situación inédita, porque siempre, a pesar de lo que fuera y contra lo que fuera, yo estudiaba, opinaba, escribía ensayos de catorce páginas. No digo que fuera fácil escribir (siempre es difícil) pero finalmente lograba avanzar. Estaba sintonizado con lo que hacía, con lo que mi cuerpo iba logrando. Mantuve buenos resultados durante años. Pero ese semestre de julio-noviembre de 2015 resultó fatal, no avancé demasiado, no al ritmo que estaba acostumbrado. Surgieron las disculpas: tal vez es normal, tal vez necesito pensar un poco más acerca del tema de mi ensayo, así que tomé la decisión de que cursaría otro semestre para llevármela más tranquila. No se trató de una situación fácil porque costó tiempo y dinero. Además, el ego sufre, uno quiere concluir, uno quiere la maestría, el título. Postergar nunca es fácil y a mi edad uno comienza a preguntarse cuánto tiempo queda para contar con fuerza para seguir adelante. La palabra clave era conclusión.

Pues el siguiente semestre resultó peor. Me tomé unas vacaciones de quince días en febrero. Avancé un poco. Y luego nada. Mi proyecto se definió mucho porque se fue depurando, se fue haciendo más y más concreto. A pesar de ello no ha avanzado demasiado. Pasan los días con lentitud en cuanto al trabajo y con exagerada rapidez con respecto a la programación de lo deseado, en este caso la maestría.

El semestre concluye en mayo. Es veinte de abril. De nuevo podría no terminar. Algo tendré que hacer para enfrentar la situación. Tomar decisiones. Una opción es de nuevo interrumpir este proceso.
Observo una nueva característica en mí: no le doy tanta importancia: si se puede qué bueno y si no ni modo. En años anteriores no dormía lo suficiente con tal de leer y escribir. Mi teclado sonaba suave a las tres de la mañana. Ahora no lo hago. No cuento con el poder de esa obsesión. Exacto: ahora es como si ya no me obsesionara. Un punto positivo: no te obsesionas y siempre nos han enseñado que el comportamiento obsesivo es malo. Un punto negativo: no escribes en torno a tu proyecto.
No recuerdo el nombre de la película de Cristina Ricci en este momento, pero al final su personaje dice que antes escribía como si se fuera a morir, y ahora sólo escribe. En este momento no tengo ni una ni otra actitud.



Mi actividad de escritura de proyecto final o tesis de maestría queda fuera de la preocupación y de la acción. ¿Cómo seguir? He allí un punto en el cual estoy en búsqueda. El seguir adelante con este reto es parte de mi necesidad por hallar una solución.

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