“Sabia virtud de perder el tiempo”.
En el video que pongo aquí Tim Urban narra historias
trascendentes y divertidas acerca del hábito que derrota a todos los hábitos: el de dejar todo para el último
momento. Me recuerda noches en vela: el maquinazo, el desvelarte la noche
anterior al examen, comenzar un artículo unas hora s antes de entregarlo,
meterte a bañar quince minutos antes de que sea la hora de tu cita porque antes
de eso estuviste mirando en la televisión intrascendentes y aburridos programas.
Uf. ¿Quién no ha hecho algo así?
A la mejor es un hábito ingenuo, a la mejor simplemente se
trata de señales de actividades que no queremos realizar, de situaciones en que
nos sentimos obligados a decir que sí cuando queremos decir que no. Yo, por
ejemplo, mi mundo ideal y mi actividad central es quedarme en mi casa, leyendo
un poco de aquí y otro poco de allá, sin obligación de concentrarme en una
lectura específica, sin trabajos concretos que realizar, sólo un poco lo que se
me vaya ocurriendo. Pero en muy pocas ocasiones puedo vivir de esa manera.
Siempre hay compromisos, lugares a dónde ir, escuela, trabajos, fechas de
entrega, etcétera. Obligado, comprometido. No obstante, las personas que lo han
estudiado lo consideran una forma destructiva de ser. Problemas en todos lados:
con la familia, en el trabajo, en la escuela. Un estrés al mil por ciento.
Porque mientras no enfrentamos lo que tenemos que hacer no estamos tranquilos,
al contrario, pasamos los días plenos de inquietud, desasosegados. El estrés de
mirar cómo avanzan los días y no tenemos nada escrito, el sentimiento de
inutilidad o de no contar con ese indicador de que se es un hombre y no un
títere: fuerza de voluntad.
Yo, por ejemplo, necesito hacer ejercicio para mis
articulaciones. Si no lo hago, me debilito y me pongo rígido como el hombre de
hojalata. Pues no trabajo en mi rutina de ejercicios hasta que no me duele de
manera insoportable todo el cuerpo. Mejoro unos días y luego vuelvo a dejar de
hacerlo. Claro, uno puede decir que no tiene tiempo, pero resulta indispensable
darle unos minutos a este ejercicio.
En esa costumbre uno percibe que le faltan los valores
morales que se vienen cultivando en el ser humano desde lejanas épocas:
templanza, disciplina, voluntad, las grandes señales de lo que debería ser una
persona productiva. Y se ve uno a sí mismo como ausente de todo ello.
La conclusión del video de Urban me parece genial. Dejamos para
después no algo finalmente tan intrascendente como un artículo o incluso una
tesis de maestría, sino lo trascendente de nuestra vida. Estamos dejando para
después los cambios profundos que nos lleven a la vida que deseamos tener. Tal
vez sea dejar ese trabajo, romper con alguien, decir una verdad escondida a
duras penas, decir no quiero, cambiar de país, en fin, vivir de otra manera.
Tal vez detrás de ese no hacer hoy lo que necesito urgentemente hacer, esté una
negativa a vivir como quiero vivir.
Alejandro Jodorowsky dice en algún lado que lo que debemos
hacer es llegar a nuestras casas y pegar dos tipos de etiquetas a todo lo que
hay allí: sí y no. Sí me sirve, no me sirve, si lo quiero, no lo quiero, sí lo
necesito, no lo necesito, sí quiero vivir con ello, no quiero vivir con ello.
Lo que nos funcione. Y tirar o aventar por la ventana o deshacernos de todo
aquello a lo que le hemos pegado un “No”, aunque sea una pareja, un amigo, un
hermano. Sólo así podríamos comenzar a vivir, pero la mayoría lo dejamos para
un momento oportuno que nunca llegará.



