Vivir hace daño
Hasta el agua en exceso hace daño, dijeron en alguna ocasión
los voceros de la Coca Cola cuando culparon a su producto de haber provocado la
muerte de una mujer. Supongo que el agua en exceso sí hace daño, sobre todo si
caes en una alberca y no sabes nadar. Les faltó mencionar la ley romana de “Nada
con exceso, favor de no beber más de cuatro litros diarios de nuestro producto”.
A veces no me explico cómo nos mantenemos con vida, porque
todo hace daño. Las sustancias con que todo se produce masivamente, lo que
viene en los letreritos de los alimentos que compramos en el súper o en el Oxxo
(ya llevo dos marcas comerciales mencionadas, espero que paguen algo por
nombrarlas).- Vivir hace daño. Los mares están enfermos, la tierra sobre
explotada. En fin, parezco un vocero del apocalipsis, pero algo de cierto hay
en toda esta paranoia de la fácil destrucción.
Un ejemplo reciente: me convencí de que la carne roja hace
daño. Deliciosos tacos de carnitas destruyen la posibilidad de una vida futura
sana. ¿Saben que la cría de ganado es una de las industrias más contaminantes
del mundo, porque el excremento de los animales emite metano, el cual envenena
el aire? En fin, hay que buscar una opción o nos quedamos sin salud y sin
mundo.
El salmón, con sus aceites omega no sé qué y con su ausencia
de colesterol resulta excelente opción. No es un taco de barbacoa con
guacamole, pero sabe bien. Pues resulta que leo en una nota reciente que el
salmón es cultivado en granjas enormes. Y claro, los pobres peces se la pasan
angustiados y neuróticos. Además de que los mantienen en espacios tan estrechos
que se la pasan enfermándose, infectados por virus. La solución es darles
antibióticos. O sea, ni cómo salvarse de las sustancias extrañas y dañinas. No
tenemos la menor idea de lo que comemos. El que come salmón con frecuencia se
llena sin saber de venenos, aunque por fortuna sin colesterol.
Ah, y es una industria que contamina. Los deshechos del
salmón pudren el fondo del mar, provocan la muerte de otros peces, etcétera,
etcétera. Y ese es uno de los miles de ejemplos que podemos estudiar. Va otro:
ahora resulta que el cultivo de la soya, según me dicen, también resulta
altamente contaminante. Espero que el pasto no tenga estas características porque
de seguir así tendremos que comer únicamente eso. Ahora recuerdo que sí
contamina, porque hay enormes campos en que se elimina cualquier otra especie
para que ésta crezca a gusto. ¿Lo ven?, no hay salida.
Lo que pasa es que contaminamos todo lo que tocamos. Esa es
nuestra esencia, desde que los seres humanos comenzaron a actuar como un animal
más o menos pensante se rompió el delicado equilibrio de la naturaleza. En “Matrix”,
Smith dice que la humanidad es un virus. Visión pesimista de nuestro mundo,
pero también certera. Ni modo que no se regresara contra nosotros. No es que
todo sea malo en sí, sino que nosotros nos hacemos daño con todo lo que tenemos
a la mano.